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miércoles, 28 de septiembre de 2016

El ardor de las sirenas. 28/9/16


Sentí un impulso irresistible de marcharme. Recogí mis cosas en silencio y me fui sin despedirme. Ninguno de los dos intentó retenerme. Dudo mucho que después de irme hablaran del asunto; disimularían que no había pasado nada. Sentí admiración por Tesa. Sí, entendía que no quisiera esa deslealtad cerca de ella. Empatizaba con sinceridad y facilidad con los mecanismos que le hacían protegerse de los hombres. Era inaceptable admitir algo así para alguien que se tuviera un poco de respeto. Estaba, de verdad, muy enfadado. Mientras recorría el pasillo camino de la calle, una sensación invadió mi cabeza: cada vez me parecía más a ella, trataba de escribir igual, pensaba y analizaba la realidad desde lugares parecidos y acababa de reaccionar como ella, como una examante despechada. ¿Dónde estaba mi personalidad? La respuesta fue sencilla: se estaba diluyendo en la suya. Empecé a sospechar lo difícil e importante que iba ser mantener mi identidad. Imaginé que esa contienda la habían librado y perdido muchos discípulos, esposas, musas, amantes, colaboradores, ayudantes de personalidades predominantes en el mundo, en la historia. Tenía que mantenerme alerta para no sucumbir a la tentación de deshacerme como un azucarillo.

En la calle me sentí frustrado y desorientado. Caminé hasta el metro, no obstante, algo me impidió bajar las escaleras e irme a casa. Decidí actuar en contra de su instinto y de su carácter. Me forcé por hacer prevalecer la razón: yo no estaba allí para que me quisieran de verdad; mi misión era encontrar pruebas para sostener nuestra tesis. Desanduve el camino hasta la puerta del estudio, pero dudé, mi impulso se frenó de golpe. No tenía sentido entrar de nuevo. Tenía que hacerlo de una forma diferente, ¿cómo? Desde luego, sin la novia.

Me refugié en el bar de enfrente. Me tomé tres cafés antes de que nuestra pareja abandonara el edificio. Quería comportarme como un hombre con recursos, aunque estaba descubriendo que tenía algunas lagunas; por ejemplo, me aterrorizaba pensar que alguno de los técnicos o ellos mismos pudieran entrar en el bar y encontrarse conmigo. ¿Cuál sería mi reacción? ¿Hacerme el sueco, el despistado? Afortunadamente, salieron en tandas, primero los técnicos, luego las modelos, y al final ellos dos. Todos se alejaron de allí con prisa y en diferentes direcciones. Me sentí decepcionado, porque la espera había sido estéril. Me fui a casa y repetí la maniobra de vigilar sus entradas, sus salidas, desde el bar, varios días seguidos y siempre ocurría lo mismo, llegaban y se iban juntos. Ella solía subir y bajar la verja, como si parte de su cometido fuese evitarle esfuerzos innecesarios.
El bar desde donde vigilaba era pequeño y extraño. El dueño tenía unos cuarenta años y, por los pósteres en las paredes, era amante del flamenco y de los toros. Su día a día trascurría entre la cocina y el barril de cerveza. Los clientes eran albañiles, electricistas, tenderos y alguna prostituta de edad avanzada que ejercía en el barrio. Todos ellos iban a desayunar, comer y beber cerveza o vino. Los dulces y las grasas cohabitaban a buen precio. Mariano hubiera dejado la barra del bar por un buen trabajó de detective privado y no tardó nada en averiguar lo que yo andaba buscando y, con la ingenuidad y discreción de un colega de instituto, me facilitó la información: los miércoles por la tarde, Alba se iba temprano y Elías cerraba solo. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Jennifer Aniston: Es el karma, yo no he tenido nada que ver. Soy feliz con Justin. Búsquense a otra


Seamos sinceros, los actores se enamoran, tienen aventuras sentimentales en los rodajes, es una ley básica de la condición humana, pero enamorarse en Mr & Mrs Smith, 2004,  fue un poco cutre, porque era una película con muy poco recorrido emocional e intelectual.  

Si cutre fue enamorarse en la mencionada película, no encuentro calificativo para el tema, no confirmado, de que Angelina haya contratado un detective privado para investigar si su marido se liaba en los rodajes con otras actrices. Igual de cutre me hubiera resultado si  Brad Pitt fuera el contratante, porque otra ley general que siempre funciona es que si un hombre casado o una mujer casada se acuesta contigo fácilmente, da igual el grado de la pasión surgida y de tu atractivo, te será infiel con la misma facilidad, solo es cuestión de tiempo.

Viene siendo cada vez más habitual entre actores, añadir en sus acuerdos prenupciales una cláusula de perdida de la custodia de los hijos en caso de divorcio por infidelidad. Es evidente que es un intento desesperado de ocultarte la poca fe que tienes en la fidelidad de tu pareja. Además, en el caso de Angelina y Brad, de una ceguera alarmante: en pleno siglo XXI tener 6 hijos es inasumible. No hay padres que lo soporten ni siendo dos superhéroes.

Otra ley general de la conducta humana es que una pareja que convive junta, feliz, en pecado, lejos del matrimonio, acabará divorciándose al poco tiempo de contraer nupcias. Firmar papeles es el antiafrodisíaco más potente que se ha encontrado en la naturaleza y, en este caso, el velo del vestido de boda, la mirada triste de la novia  y el posado en Hello anticipaban un final cruel.  

La última regla general es que ya has podido amar con autenticidad, ser colegas, cómplices, ser el padre o madre perfecto, el divorcio es la guerra. Y la mayoría de las veces la batalla está por encima de los hijos y se les utilizas como excusa para poder usar armas de destrucción masiva. 



Sí, me puedo imaginar el gran fin de semana que Aniston  estará pasando en Nueva York con su actual marido, el atractivo Justin Theroux.  Su ruptura con Pitt la dejó en un lugar muy peligroso, pero soportó el dolor de la pérdida, el machismo  de la sociedad, el acoso de la prensa, el síndrome de la víctima, la dificultad de encontrar sustituto adecuado, y lo hizo sin destruirse.  Por otro lado, qué sería la vida sin estos espontáneos ajustes de cuentas. Pero las victorias sólo duran unos pocos instantes. Como diría Guardiola, el lunes hay que empezar a pensar en el siguiente partido y el pasado es historia y no cuenta para casi nada. 

jueves, 22 de septiembre de 2016

La izquierda en Leganés es bipolar y esquizoide. 23/09/16


    La Fuente Honda. Leganés

Nuestros artistas, intelectuales y abuelos nos han hablado siempre de las dos Españas, pero yo creo que hicieron un mal análisis, porque somos una realidad múltiple y esquizoide como las muñecas rusas. La historia nos habla de una España roja y pobre y una España azul y  rica,  enzarzadas a muerte en la guerra civil. Pero contenida en ese conflicto bélico, extendida en el tiempo y en el espacio como un mal insuperable y crónico, está la guerra civil de la izquierda.  Leganés no se vacunó contra está enfermedad y si no vean los dos titulares que hemos encontrado está semana en la prensa local.

ambos han sido tomados prestado de la web: http://www.noticiasparamunicipios.com/

LEGANÉS / Los concejales apartados de Leganemos recurren su expulsión ante el juzgado


Leganemos denuncia abuso de recursos públicos por parte de cuatro de sus concejales



Todos sabemos que las batallas internas también anidaron y destruyeron a Izquierda Unida, y que el PSOE persigue al flautista de Hamelín y se dirigen hipnotizados al precipicio para suicidarse.  Y es que ya lo dijo Sartre: el infierno son los otros. 

Como mínimo todos ellos necesitan un tiempo muerto, adquirir una buena dosis de sentido común e ir a una consulta con un buen terapeuta. Les anticipo que su sanación no será rápida, y, en varios casos, la curación no será posible. Pero lo cierto es que la Corporación de Leganés cuenta con 8 concejales (Bejarano, los 6 de Leganemos, el concejal expulsado de Ciudadanos)  rodeados de circunstancias extrañas, partidos desaparecidos, rotos, expulsados... A estos concejales hay que unir un PSOE fracturado y un PP desaparecido como partido. ¿Qué hemos hecho para merecer esto? La solución será difícil, pero dudo que estás personas puedan realizar su labor adecuadamente y queda mucha legislatura

Por último, permítanme reivindicar y valorar con orgullo, la dignidad que encierra mi exilio interior. Llevo años militando en esa actitud vital. Les confieso que  mi madre y yo nos poníamos muy tristes cuando en mi casa mi padre se ponía revolucionario. Su líder ideológico era el Dios colorado. Mi madre, en cuanto podía, cortaba el discurso incendiario y le preguntaba el lugar dónde iba a enterrar los muertos que dejaría su toma de poder. Mientras, yo me refugiaba en mi habitación, preparaba la maleta en silencio, porque sabía que la única alternativa era huir de allí. El poder transforma a las personas en verdaderos locos. Les quiebra en dos, a uno, le define su discurso verbal, al otro, su forma de actuar, pero ambas personalidades carecen de credibilidad y empatía verdadera. No se dejen seducir por su verbo y vean la realidad.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

El ardor de las sirenas. 21/09/16


A las doce de la mañana cortaron para desayunar. Las modelos se arrojaron a sus móviles y desparecieron del set, mientras los técnicos se lanzaron como lobos hambrientos a la caja donde estaban guardados los bocadillos. Elías aceptó la taza de té que le preparó su novia. No rompió mi pronóstico; le echó y le removió el azúcar. Él cogió algo de fruta, un par de magdalenas y se sentó a mi lado. Ella le siguió.
—¿Gérard?
—Sí.
Nos estrechamos la mano con cordialidad. Alba era una presencia discreta y silenciosa, aunque inolvidable.
—Tú dirás. ¿En qué te puedo ayudar?
—Quería hablar contigo de Tesa.
Me miró a los ojos. – ¿Qué quieres saber de ella?
—Hace unos meses localicé donde vivía y quiero ubicarme un poco antes de ir a conocerla.
Su mirada se tornó descreída y cínica.
—Me dijiste que eras su hijo, ¿verdad?
—Sí.
—¿Estás seguro?
—Sí. ¿Tú no?
—No, no lo estoy. Nunca me habló de ti y eso me parece muy extraño. ¿No será un jueguecito o alguna broma pesada…? A ella le gustaba mucho lo de montar teatrillos o situaciones curiosas para ver el más allá.
Hizo un curioso gesto con las manos para subrayar el significado que le daba al sintagma «el más allá». Fue un momento muy delicado; sentí que podía desenmascararme, pero había aprendido que para sostener tu mentira no había nada más eficaz que desafiar al contrario obligándole a sostener la suya.
—No la conozco de nada. ¿Qué tipo de teatrillos le gusta montar?
Tardó en encontrar la explicación y aproveché para saldar el tema, haciéndole una pregunta.
—¿Por qué crees que no te habló de mí?
Ahora era él quien estaba en apuros. Alba le miró con firmeza, expectante por oír su explicación. Elías no contestó y se limitó a distraerse y distraernos quitando con la uña la etiqueta del precio que se había quedado pegada a la taza. Yo decidí callarme para evidenciar su silencio y bebí un par de tragos de café. La espera fue interminable. Observé a la ayudante- novia; se puso muy nerviosa, reprimía su deseo de levantarse y retorcerle el pescuezo hasta sacarle la respuesta. Se contuvo, todavía no había alcanzado su límite. Era obvio: las mujeres se cansaban de sus fugas, su mudez, su falta de decisión. Me fue fácil utilizarla para provocarle.
—Ella quiere conocer la verdad.
Ella se lanzó a por la pelota con mucha decisión.
—Sí, quiero saber por qué no me dijiste que habías vivido con ella.
Él empezó a palidecer. Le costó un enorme esfuerzo decir algo que le disculpara. —Fueron solo unos meses y no fue importante. Te lo juro.
Se miraron. Ella relajó su expresión, porque el valor de la mentira había quedado en un segundo plano, y lo que emergía con fuerza era su capacidad de traicionar el pasado para apostar por ella, sin embargo, ante mis ojos se convirtió en un vil traidor. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

El viejo bar cumple 100 años. 18/09/16



Un perdedor que vive apoyado en la barra de un viejo bar, escucha la conversación entre el camarero y varios clientes. Hablan sobre el papel de Europa, de Alemania, en la crisis de los refugiados sirios. Se ponen con naturalidad a buscar paralelismos con la Segunda Guerra Mundial, los judios, El Muro de Berlín, y acaban haciendo un chiste muy negro y cínico sobre el conflicto. Creen que los alemanes deben de construir nuevos campos de concetración para albergar a los sirios y gasearlos después, como hicieron con los judios para toparse de nuevo con su círculo infernal. 

Nuestro bebedor solitario rompe a hablar, con su discurso la conversación gira hacia derroteros más personales. Cuenta una antigua cita con una de sus primeras novias, no parece que haya habido muchos más. Ella era bailarina, quedaron para ver Bambi. La chica empezó a llorar cuando llegó la muerte de la madre del cervatillo. Él quiso acompañarla, pero se dio cuenta que no podía y pensó que no hay nada tan difícil como poder expresar los sentimientos cuando lo necesitas. Concluyó su relato confesando que esa impotencia era su verdadero campo de concentración.  Por supuesto, esta secuencia es uno de los desnudos masculinos mas grandes que he visto hacer en una serie de televisión, una película y si me apuran, en la literatura.  No pude evitarlo y me eché a llorar. Sí, Horace and Pete es probablemente la serie más triste e inclasificable que he visto en mi vida. Es la historia de un bar que está en BrooklynNueva York,  un refugio para alcohólicos, solitarios e inadactados, que va pasando de padres a hijos desde hace 100 años, con la peculiaridad de que los hijos reciben en herencia también el nombre del padre. 

Su creador, director y protagonista es Louie C.K, Louie, que ha decidido crecer de golpe y lo ha hecho muy bien. Aquí se desentiende de los monólogos para ser uno de los dueños del bar y hacer las veces de anfitrión superado por la vida. Le acompañan en la aventura Steve Buscemi, Boardwalk Empire, conmovedor el cambio de registro del actor, de capo de la mafía a hombre con problemas mentales, Jessica Lange y Edie Falco, Los Soprano, entre otros. Gracias Louie.

La bella canción de los  títulos de crédito es de Paul Simon. 





viernes, 16 de septiembre de 2016

Mallorca, Valencia, Madrid, Leganés... como Sicilia, pero sin sangre. 16/09/16




La corrupción se ejecuta con una gran profesionalidad en los feudos peperos mientras que el modus operandi en el resto de formaciones políticas es más chapuza, de andar  casa. Sin duda, el poder es esquizofrénico, cuando peleas por él, eres una persona comprometida, abierta, respetuosa, solidaría... incluso de izquierdas, pero cuando tomas el bastón de mando todo cambia, empiezas a decepcionar, traicionar a mucha gente y los síes se trasforman en noes. Donde dije digo, digo Diego y surgen los enemigos. En Leganés, el señor Llorente va camino de conseguir una opinión unánime en la prensa local, incluyendo algunos blogs, en las asociaciones, sindicatos, casas regionales, comunidad educativa, deportiva... El grito es claro y ensordecedor: estamos hartos de amiguismos, de falta de transparencia, y nos hemos dado cuenta que en su política no hay hueco para la cultura, la educación, los parados, los jóvenes... 

Mientras, los militantes vip del PSOE de Leganés han vivido durante años en un casino de lujo con spa y sauna, donde cada cuatro años se juegan los cargos a la ruleta rusa. Apuestan por un número, hacen girar la rueda y van cantando: tú, asesor, tú, concejal, tú, director general, tú, diputado de la Asamblea de Madrid, tu, auxiliar de grupo, algunos se trasfieren como una herencia de alcalde en alcalde,  de equipo en equipo. Claro, también están los que hacen méritos para entrar en el grupo selecto, los novatos o primerizos.  A veces, se oyen quejas  y rumores:  Jo, otra vez asesor. Estoy segura que hay bolas calientes, venta de cargos, traidores, cambios de familias... Algunos son muy previsores y tienen excedencia laboral en sus trabajos, la mayoría en la administración,  y cuando se quedan sin premio regresan a sus empleos, pero ninguno quiere volver, todos quieren alargar su actividad política lo máximo posible, como si contuviera el elixir de la eterna juventud.  

Sin hacer cuentas, oteando los currículos de estos privilegiados, me atrevo a asegurar que la media en este tipo de actividad dura entre 15 y 20 años.

Vean el espectáculo:

José Luis Pérez Ráez, Rafael Gómez Montoya:  concejal, alcalde, diputado.

Laura Oliva: concejal, diputada, directora general.

Santiago Llorente: concejal, alcalde. 

Reinaldo López: prensa, auxiliar de grupo, director general.

Paco Arroyo,   Javier Márquez,  Oscar Oliveira,   Ana María Massó: concejales, directores generales.

JoseA.Chico, Rita Salinas: concejales, auxiliares de grupo.

Pedro Atienza,  Antonio Blázquez,  Luciano Represa, concejales con varios alcaldes o en varias legislaturas diferentes.

¿Qué hacen los militantes de base? ¿Por qué no están manifestándose en la puerta de los partidos diciendo basta o rompiendo el carné? Pero hay más preguntas bullendo en el ambiente: ¿Cuántos golpes puede encajar un alcalde  antes de estar acabado? ¿Cuántos son exactamente? ¿Está acabado ya Llorente?  Desde mi punto de vista, no anda fresco, no tiene fondo físico ni recursos mentales para sostenerse en el cuadrilátero demasiado tiempo. Corre el peligro de convertirse en un paquete, resignado a caer cazado por un gancho certero, por ejemplo este:                                 

  
. ha dicho hoy a padres/madres q si no se arreglan coles es por el "poder del Pleno". O acata el cese d Oliva o adiós excusa


miércoles, 14 de septiembre de 2016

El ardor de la sirena. 14/09/16



No lo voy a negar, me sentí poderoso. Ella encajó el golpe bastante bien, sin embargo, no pudo disimular un gesto de cierta sorpresa. Por eso que deduje que él no le había dado muchos detalles de sus antiguas relaciones. Aceptó la situación con falsa deportividad y me ofreció un café mientras me acompañaba al plató. Me explicó, antes de integrarse en la actividad, que solo tendría media hora, el tiempo que duraba el descanso para desayunar. Mi forma de mirarla evidenció que, a pesar de poseer un físico atractivo, no me resultaba simpática, porque era fría como el hielo y notoriamente calculadora. Era el tipo de novia que acaba echándote el azúcar en el desayuno cada mañana, y yo estaba asumiendo que no había nada más sano que echarse el azúcar uno mismo.

En la escena, delante de un gigantesco croma, había varias modelos en sujetador, bodies, corpiños, batas de seda… era un anuncio para una marca de ropa interior femenina. Las chicas eras espectaculares y el trato con el fotógrafo era amable y cercano. Era un gallo mudo, rodeado de muchas gallinitas que picoteaban entorno a él. Comprendí que Alba tuviera la necesidad de vigilarle. Intuí con gran claridad que le había ganado en una batalla entre féminas, y por eso tomaba tantas preocupaciones. Elías y yo nos estudiamos con detenimiento. Él no pudo reprimir un pequeño rubor al sentirse observado. Me fijé en su vestuario: chaqueta de deportes ultramoderna, zapatillas de diseño elegantes y cómodas, barbita incipiente… Repasé algunos datos que descubrí mientras preparaba las entrevistas: uno había sido futbolista, el otro era fotógrafo, a ambos les fascinaba la ropa deportiva, los zapatos de marca y sus pies podían ser objetos de adoración para fetichistas. Ellos ni siquiera se conocían, no obstante hubieran conseguido triunfar como modelos de pasarela, de publicidad, porque sus fisonomías tenían una belleza insultante, sus cuerpos eran como dos esculturas de Miguel Ángel, y compartían una tendencia clara a la melancolía que te obligaba a soñar dulcemente. Otra particularidad que compartían era que ella les había conocido cuando ellos tenían prácticamente la misma edad, veintitrés, veinticuatro años, y eso ayudaba a entablar la equivalencia que había entre ellos. No sabía el significado que esto tenía, sin embargo, yo acababa de cumplir esa edad. Bueno, sí, tal vez podía ser que el misterio buscado estuviera agazapado en ese peculiar momento en que abandonas la adolescencia, incluso la juventud, y te concretas como adulto, porque te obligan a definir tu proyecto vital. Por otro lado, me vino a la cabeza el rostro de Kim Novack, en Vértigo, de Alfred Hitchcock: el parecido argumental era innegable. Sí, había comprobado que era un argumento recurrente en el cine y en la literatura. No pensé que esto evidenciase una falta de originalidad, deliberé que estábamos ante una estructura eficaz. Volví a mirar sus pies. Llevaba puestas unas playeras muy codiciadas en el mercado y recordé cuando ella me comentó que le gustaba fotografiar los pies de los hombres. Yo nunca me había fijado en ellos, en cambio ahora, cuando conocía a alguien, sin duda, les entregaba mi atención. Por ejemplo: ella caminaba habitualmente descalza o en sandalias por la oficina, mostrando un empeine suave y delicado, un puente muy bien perfilado y unos dedos agiles y pequeños. Sin embardo, sus hijas, aun en verano, llevaban puestos siempre calcetines, como un burka que escondía las extremidades. Me senté en un sofá vacío a contemplar lo que quedaba de la sesión fotográfica. Alba me observaba sin dejar de atender con eficacia a los jefes de vestuario, maquillaje… para que todo saliera como habían planeado.